El juego de hacer dibujos

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El juego de hacer dibujos

Dibujo infantil de Efraín Recinos  1933-1939

Noviembre 2008

    El concepto de dibujo infantil libre es más bien el resultado de un proceso histórico. El dibujo y la pintura no contaban entre las materias escolares de la tradición europea posterior a la Antigüedad. Sólo recibían formación los niños destinados a ser artistas y los nobles. Se les enseñaba a pintar como adultos. En aquél entonces el dibujo y la pintura debían ser académicos, realistas y  de técnica depurada. La representa­ción gráfica infantil se describía en términos de “imperfecciones” y “errores”.

    La introducción de las clases de dibujo en las escuelas a finales del XVIII no cambió las cosas. El modelo de Pestalozzi fue el que en su época más respetaba la autonomía del niño.  Sin embargo, proponía transmitir lo más temprano posible los métodos de enseñanza de los adultos. Estos niños  ya no podían dibujar en  forma infantil aunque se lo hubieran propuesto. 

    Todos sabemos de la importancia de la imitación en el desarrollo del niño.  Curiosamente, los niños no imitan las producciones artísticas de los adultos. Este hecho llamó la atención de los psicólogos dedicados al estudio de la infancia. En la segunda mitad del siglo XIX, surge el interés por el dibujo como un proceso de producción simbólica para descifrar ciertos procesos psicológicos que ocurren a lo largo del desarrollo del niño.

    Todos conocemos la disposición natural que tienen los niños hacia el dibujo. El hecho de que sea fácil inducir a un niño a dibujar es un recurso invaluable para el psicólogo infantil. Con los métodos adecuados puede obtener información valiosa en temas como la evolución de su inteligencia o la naturaleza de sus conflictos internos.

    A finales del siglo XIX se publicaron los primeros estudios sobre la expresión gráfica de los niños.  Esta actividad infantil comenzaba a ser objeto de análisis sistemáticos. En aquella época  también comenzó a desarrollarse la psicología científica

    Es así como surgen diferentes teorías del desarrollo del dibujo infantil. En ellas aprendemos cómo el niño pasa de hacer garabatos o simples marcas en un papel a garabatos controlados.  Luego empieza a ver cosas en sus dibujos.    

Comienza a dibujar procurando que sus trazos  se parezcan a los objetos o personas que tratan de representar. A esta etapa Luquet le llama realismo fracasado.  Luego pasa a la etapa de realismo intelectual, que constituye la verdadera esencia del dibujo infantil. Aquí vemos cómo se diferencia del adulto.  El adulto dibuja lo que ve del modelo y el niño lo que sabe de él. Al llegar la adolescencia, el niño empieza  a dibujar de acuerdo a como las cosas se ven. De esta manera pasa a la etapa de realismo visual.

    Irma de Luján menciona algunas de las más importantes características del dibujo infantil. El niño no toma en cuenta la perspectiva. Esto es lo que más diferencia la visión del adulto y la del niño.  Rara vez representa a un hombre de perfil. Sus figuras son rígidas. Muchas veces  presenta los objetos o paisajes como si fuese visto desde un avión. Ordena y distribuye las figuras de manera que quepan en el papel. Las cambia de tamaño.  Repite formas en manera automática porque se le dificulta realizar esfuerzos de observación. Con frecuencia agrega al dibujo el nombre de la persona o del objeto que dibujó o describe lo que hace. Tiene necesidad de explicar su dibujo e intenta obtener una valoración. Elimina elementos del dibujo que no considera importantes. Por ejemplo, la omisión del tronco de la figura humana. Estos son los famosos monigotes o cabezas –pies. No emplea el claroscuro y normalmente utiliza solamente un color favorito.  Muchas veces los dibujos son transparentes.  Por ejemplo, una casa sin paredes donde se ven los muebles. Ésta es clara muestra de que el niño pinta lo que sabe de las cosas antes de lo que ve. Es una de las características más curiosas. 

    El  dibujo infantil libre se comenzó a perfilar a fines del siglo XIX, y se impuso en épocas modernas. Procura que el niño se manifieste en forma espontánea.  El arte no debe entrar en el niño, debe salir de él. El niño necesita la presencia de un adulto para expresarse.  El maestro deberá ofrecer al niño su presencia benevolente y se deberá limitar a poner a su disposición técnicas, materiales, ideas y temas. El padre y el maestro tienen que respetar las creaciones del niño; una incomprensión o un desprecio, pueden ser fatales y ocasionar graves perturbaciones.  La enseñanza prematura de la técnica expone a la niñez a perder este medio de expresión.

    Después de haber establecido toda una base teórica respecto a la historia, el desarrollo del dibujo infantil y todas las disciplinas involucradas, en esta obra se establece un diálogo.  Los niños pueden hablarle al artista adulto por dos razones. Primero porque no son profesionales. Segundo porque ambos comparten la misma ocupación: distintas formas de copiar, ambos utilizando la condición humana como medio de expresión.

    En este diálogo interactúan diferentes actores. Los niños que pintan como niños. Los artistas que se hicieron famosos pintando como niños, tales como Miró, Chagal, Dubuffet, Malevich y Klee. Los niños que, como Picasso,  fueron enseñados a pintar como adultos. Finalmente, Efraín Recinos, quien practicó el dibujo infantil libre desde los cinco años.

    Nuestra experiencia anterior es lo que nos permite comprender el mundo que nos rodea.  Todo proceso de razonamiento parte de elementos extraídos de la realidad vivida.  Lo que tenemos son nuevas combinaciones de los mismos elementos. Por tanto, entre más rica sea la experiencia, más abundante será la fantasía. 

   Podemos limitarnos a repetir lo más realmente posible nuestras vivencias, o bien reelaborar situaciones usando elementos adquiridos en experiencias pasadas. A esta actividad creadora del cerebro basada en la combinación, la psicología le llama imaginación o fantasía. Palabras que normalmente asociamos con lo que es irreal y carece de valor práctico.

    Con los primeros movimientos voluntarios que efectúan los niños surge la expresión simbólica.  Ignoramos su naturaleza pero sabemos que dentro de ella el dibujo tiene un papel muy importante. Como procesos promotores de esta actividad simbólica tenemos los juegos, los sueños y el dibujo infantil.

    Los niños hacen viajes imaginarios y tienen compañeros imaginarios.  Pocos psicólogos han incursionado en el campo de la imaginación. La psicología se ha centrado más que nada en los procesos sensoriales y el aprendizaje.  Desde el punto de vista psicológico, el juego es la creación de un mundo paralelo.

  

    Hay que comprender el rol del arte en la vida de los niños. Para ellos  trabajar en arte libre es una actividad espontánea de juego antes que una meta en sí.  La actividad de crear se vuelve más importante que el producto creado. Los niños declaran su obra terminada cuando se cansan, se distraen o bien se les termina la pintura. En realidad, el arte de los niños debería llamarse el juego de hacer dibujos.

    La imaginación creadora se evidencia cuando al niño le faltan palabras y utiliza las imágenes. Al mismo tiempo incursiona en el terreno de la creación estética del dibujo. Los niños no se limitan. Cuando no pueden hacer algo en la realidad lo imaginan. A falta de juegos dibujan o leen, inmersos en un mundo de aventura.  Su mundo.

    El padre de Efraín Recinos no lo dejó ir a la escuela porque decía que los otros niños le iban a enseñar malcriadeces. Confinado en casa, falto de juegos, lo motivaba a leer y dibujar, sin interferir en sus creaciones. Cuando había recursos le compraba crayones y cuando no, Efraín se conformaba con dibujar en blanco y negro.  Lo que hizo al final fue encauzar al niño en una disciplina que creó un campo fértil que hizo desbordar su imaginación. Lo que no podía hacer lo soñaba. 

Dibujos de guerras, dictadores, lucha entre el bien y el mal en general,  monstruos,  bellas doncellas y superhéroes marcaron su obra de adulto.

    Los niños no tienen por qué vivir el mundo real igual que los adultos.  Por error los elogiamos cuando sus actitudes se parecen a las nuestras.  Afortunadamente escapan con facilidad. Hacen viajes imaginarios y tienen compañeros imaginarios. Pero si un adulto es soñador, la cosa cambia. Lo castigamos  o lo  idolatramos como a un genio. Por tanto, crear un mundo propio, según las circunstancias, puede considerarse genialidad o locura. 

    El niño distingue perfectamente una cosa de la otra. El adulto loco considera reales sus creaciones imaginarias. Su mundo interior lo domina y lo aparta de la realidad. 

    El apodo Macho Loco le fue acomodado a Efraín Recinos desde su juventud.  Un claro ejemplo de genio incomprendido.

    Todo genio es producto de su época y su ambiente. Lo que Recinos percibía afuera de casa era una atmósfera de guerra. Adentro, una vida de constante aventura. Esta extraordinaria experiencia hizo volar su fantasía. El resultado de este entorno poco común fue la formación de un artista que difícilmente se puede comparar con ningún otro. 

    En la rama de las artes visuales son raros los niños prodigio, puesto que para transformar la idea en algo lógico y ordenado se requiere de gran desarrollo mental.  El dibujo infantil de Efraín Recinos realizado en forma espontánea,  carece de las características usuales en los demás niños.  Refleja tal madurez que lo hace caer en la excepcional categoría de niño genio de la pintura.

   

José Toledo Ordóñez

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