La cadena del chucho

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La cadena del chucho – Por José Toledo Ordóñez – 13 abril 98

Columna Cimientos – pepo@guate.net – Redactado para Prensa Libre

  Este artículo es el tercero acerca de las largas discusiones que hemos tenido con Rodolfo Santizo acerca de las empresas estatales de servicios, tradicionalmente monopólicas, subsidiadas y maniatadas por los sindicatos.

Concluimos que no funcionan porque en ellas no hay dolientes que compartan el fracaso ni gananciosos que compartan el éxito; lo mejor es privatizarlas.

  El actual Gobierno ha iniciado un proceso de modernización dentro del cual se incluye la desincorporación; algunas empresas estatales están en proceso de venta y otras tendrán que esperar un mejor momento político. Lo que quede de ellas y del aparato gubernamental debe ser modernizado; en otras palabras, debe funcionar como si fuese empresa privada.  El hecho de que algunos monopolios estatales han sido eliminados no preocupa  a la mayoría de burócratas que en ellas trabajan; siguen actuando como tales. El tema que ahora nos preocupa es cómo lograr que el cambio se produzca.

  Las compañías ferroviarias fueron las que inventaron la burocracia moderna. Programaron a sus empleados para actuar con estricto apego a las reglas; muchas de ellas fueron hechas por la excepción. Esta fue la única manera que encontraron para hacer que sus sistemas de una sola vía férrea fueran previsibles, operantes y seguros. Esta sigue siendo la esencia de la burocracia de hoy: programar a las personas para que se apeguen a procedimientos establecidos.

  Comencemos por enumerar cuáles son los obstáculos que normalmente se oponen a un proceso de cambio. El primero es la falta de decisión política; aunque las decisiones técnicas sean las correctas se requiere de un compromiso e involucramiento de la alta dirigencia. El segundo es la maraña de normas que dan forma a nuestro marco legal; desde la Constitución hasta simples reglamentos internos pasando por leyes regulares. El tercero son los intereses creados; muchos pierden privilegios en el proceso de cambio. Finalmente tenemos la natural resistencia al cambio propia del ser más cómodo de la naturaleza: el humano. 

  Este último obstáculo es tal vez el más difícil de vencer. Aún las empresas estatales autónomas siguen funcionando como centralizadas; no se han dado cuenta de que ya no tienen una camisa de fuerza. Muchos se escudan en el fantasma de la Contraloría de Cuentas para negarse a hacer cambios; el hecho es que cualquier cambio implica cierto nivel de riesgo que es difícil que alguien que no es doliente ni ganancioso quiera asumir.

   Rodolfo Santizo es amo de Schnapps, un bello ejemplar de pastor alemán que lo acompaña a correr por las mañanas; cuando era cachorro se abalanzaba sobre cualquier perro que veía tras una verja; Rodolfo tiraba de la cadena; Schnapps hacía una mueca y se resistía estirando el cuello; finalmente se calmaba. Rodolfo se hizo de un buen libro y lo amaestró; ahora la cadena se queda en casa cuando salen a correr;  inevitablemente aparece otro perro ladrando detrás de un cerco; Schnapps de todos modos hace muecas, estira el cuello y se retira a regañadientes.

  Schnapps no se ha dado cuenta de que ya no tiene cadena; o bien tiene una cadena sicológica. Podemos eliminar el resto de los obstáculos pero el cambio no se dará si no cambiamos de actitud. Ese es el gran reto que tienen los trabajadores del Gobierno: borrar el estigma de la cadena del chucho y actuar como si fuesen trabajadores de empresa privada.

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  Valores
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