El ganancioso

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El ganancioso – Por José Toledo Ordóñez – 6 de abril de 1998

Columna Cimientos – pepo@guate.net – Redactado para Prensa Libre

  La semana pasada comentamos acerca del interesante término que Rodolfo Santizo nos enseñó: el doliente. Analizamos a las empresas estatales de servicios y concluimos que casi nunca funcionan bien porque en ellas generalmente no hay doliente; si un cliente es mal tratado, si los costos suben, si hay déficit, a nadie le duele. Lo que es más, la mayoría de los empleados de estas empresas no pueden ser despedidos por los famosos emplazamientos sindicales.

  Comentando el artículo, Rodolfo me preguntaba cuál podría ser  la contrapartida de el doliente. En otras palabras, la falta de doliente lleva a una empresa al fracaso; pero, ¿qué tiene que tener además de dolientes para alcanzar el éxito? No basta el hecho de que al fracasar la empresa el empleado perderá su trabajo.  Consultando diccionarios encontré la contrapartida: el ganancioso. Se define como aquél que ocasiona ganancias y también el que sale con ellas. El término no puede ser más apropiado.

La siguiente pregunta es: ¿cómo hacer para que en una empresa haya gananciosos? Es cuestión de balance; la fórmula es muy sencilla: lo que hay que hacer es asegurarse de que los intereses de los empleados y los de la empresa sean los mismos. Para ello, en la medida de lo posible se deben eliminar los salarios; el lector se preguntará si hablo en serio. Sí, eliminar los salarios y pagarle al empleado como socio.  Esto no necesariamente significa darle acciones de la empresa; una sociedad puede tomar muchas formas; puede ser tan simple como darle una comisión al empleado o pagarle por trato.

  Con mejores sistemas de pago tendremos gente más eficiente que trabajará mejor que los empleados de la competencia y necesitaremos menos supervisores. Esto bajará nuestros costos. Una vez que el empleado participa en las ganancias de la empresa tendrá especial interés en reducir costos, aumentar las ventas y mejorar la calidad.

  Salta la duda de si la gente por ganar dinero más rápido puede hacer mal el trabajo. La respuesta es no, una vez que usted se haya asegurado de que cuando haya un reclamo al empleado le duela. Usted le puede hablar, rogar, gritar o rezar por él; pero mientras no le duela en el bolsillo no aprenderá a cuidar la calidad. Este es otro aspecto de la paga en paralelo.  Además, el empleado deberá comprender que es de su interés que el cliente vulelva.

  Con estos sistemas de pago las personas pueden llegar a hacer mucho dinero. Esto pone nerviosos a algunos patronos poco modernos. Muy a menudo cuando a un vendedor le va muy bien el jefe le divide el territorio porque piensa que está ganando demasiado dinero. ¿Por qué no ayudarlo a ganar más? Si él gana mucho dinero la empresa ganará aún más.  Los tratos deben ser respetados.

  No pretendemos decir que el recurso humano es lo único que necesita una empresa para tener éxito; para dar buen servicio son necesarias otras herramientas: facilidades, buenos productos, sistemas administrativos y por supuesto liderazgo.  Volviendo a los empleados, éstos son tan importantes como los clientes y deben ser tratados de la misma forma; de hecho muchos los consideran el cliente interno de la empresa. En los estados financieros ponemos a los empleados del lado del costo;  en realidad son el mejor activo que tenemos.

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