Retratos hablados

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Retratos hablados por José Toledo Ordóñez

    Cuando Mario Monteforte Toledo volvió de su último exilio, comenzó a deleitarnos con una columna que aparecía los días jueves en un matutino.  De vez en cuando publicaba en ella sus famosos Retratos hablados, a los que él se refería como “un modesto invento”. Rebelándose contra su usual falta de modestia cedió al impulso de “reconocer, admirar y amar todo lo que es superior a uno”, sin más afán que revivir la memoria de inolvidables amigos y compartirla con los nuevos.  Allí fueron desnudados con singular gracia personajes que conoció en sus incansables viajes, como Orson Welles, Pablo Neruda, Luis Buñuel, Julio Cortázar, Carlos Mérida, Miguel Angel Asturias y otros que cautivaron a Mario por su fuerza humana y capacidad de compartir la vida.

    El centenario del nacimiento de Neruda, nos recuerda la siguiente anécdota:

En 1956 el gobierno de Castillo Armas lo toma preso, y vendado y esposado lo expulsa a Honduras con cuarentitrés estudiantes universitarios y jóvenes profesores. La policía secreta destruye la imprenta de Lunes.

El gobierno de Honduras remite a todo este grupo de exiliados a Costa Rica.

La Unión de Escritores de Chile, envía a Monteforte este mensaje: “Recoge pasajes Pan American. Aquí tienes patria, amigos, trabajo y tiempo para que lloremos por la dignidad perdida de tu país”.  Firma: “Pablo Neruda, Presidente”.

Finalmente, Monteforte decide ir a México, donde ya está su familia.

   Volviendo a los retratos hablados, en dos ocasiones Monteforte fue víctima de su creación. La primera cuando intercambió retratos hablados con su enemigo ideológico Muso Ayau, con quien a través de este inusual instrumento entabló una amistad tan larga como las interminables discusiones que sostenían.  La segunda, cuando decidí desvestirlo, con un atrevimiento calculado por los lazos familiares que nos unían. Como muestra, estos párrafos que bien representan al escritor: “Aborrece la vejez por lo que ha decidido pasar del amor a la muerte directamente. Se queja diciendo que “…antes le gustaba a las mujeres que me gustan; ahora sólo le gusto a las que no me gustan”. Pudo haber sido guapo pero no le hizo falta. Maco Quiroa lo llama el caballero de la alegre figura.”  “Es intolerante. No le tiene paciencia a los maridos de las mujeres hermosas, a los tontos ni a los niños”.

    El polifacético Luis Díaz, haciendo gala de su genio creativo añade al “modesto invento” de Monteforte el Arte hablado: Una colección de pinturas en formato pequeño donde retrata dictadores, sicópatas, políticos, críticos, poetas, quetzales frutas e incluso desnudos hablados, como un merecido homenaje póstumo a Mario Monteforte Toledo.

Al igual que en los retratos hablados, lo mueve el deseo de reconocer el genio del escritor, revivir las famosas reuniones de los jueves y compartir estas vivencias con los amigos que nos acompañan en esta nueva aventura.

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  Escritos
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