Rencor histórico

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Rencor histórico – Por José Toledo Ordóñez – 18 mayo 98

Columna Cimientos – pepo@guate.net – Redactado para Prensa Libre

  La trágica y lamentable muerte de Monseñor Gerardi trajo a discusión la conveniencia de investigar para lo que se ha dado en llamar recuperar la memoria histórica. Esto no es más que tratar de reconstruir las violaciones a los derechos humanos cometidas durante más de 30 años de guerra interna en base a declaraciones verbales de los afectados.

Existen dos proyectos de este tipo. El primero lo conforma la Comisión para el Esclarecimiento Histórico; es producto de los Acuerdos de Paz firmados por el gobierno y la guerrilla; no puede utilizarse para hacer demandas judiciales.  El segundo es el de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI); fue promovido por la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHA) y coordinado por Monseñor Gerardi; resume 55,000 violaciones a los derechos humanos, la mayor parte atribuidas al ejército; podría servir para que las víctimas demanden a los responsables.

  Entre las justificaciones que se dan para estos dos proyectos están las siguientes: conocer la verdad para contribuir a que la violencia no vuelva a repetirse; permitir que la población hable del pasado sin temor;  recuperar la memoria histórica de la guerra; ayudar a la reconciliación;  servir de catarsis a las víctimas de la violencia. Aunque esto último funciona, hay métodos menos conflictivos de permitir que las personas se desahogen; uno es la consulta psicológica y otro la propia confesión instituida por la Iglesia Católica. Por el otro lado, las acusaciones verbales pueden fácilmente utilizarse con propósitos revanchistas. Finalmente, la historia nunca tendrá una única versión; como ejemplo, ¿cuántos diferentes relatos, todos verdaderos,  existen acerca de la Revolución de Octubre de 1944?

  El doctor Rigoberto Juárez Paz muestra sus dotes de humanista y sobre todo de hombre práctico al señalar lo inconveniente de estos proyectos. Humanista porque sabe que no puede haber paz sin reconciliación ni reconciliación sin perdón. Práctico porque sabe que en esta guerra el perdedor (la guerrila) se sentó a negociar con el ejército en igualdad de condiciones debido a presiones internacionales; sabe que esta guerra no fue declarada ni sujeta a normas;  fue una guerra de tirar la piedra y esconder la mano; la guerrilla involucró a la población civil formando las Fuerzas Irregulares de Liberación; lo hizo con el propósito de obtener apoyo logístico sabiendo el riesgo en que la colocaba.   Los que refutaron al doctor Juárez Paz tratan de hacer creer que son las instituciones y no las personas  quienes cometen los crímenes; en mi artículo pasado expliqué que el hecho de que un obispo canadiense fue condenado por violar niñas no convierte a la Iglesia Católica en una institución violadora de menores.

  Como el REMHI fue promovido por el arzobispado, parece lógico consultar la Sagrada Biblia; allí encontré dos pasajes interesantes: “Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.” (San Marcos, 11:26). “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.” (San Lucas, 6:37).

  Charles Stanley, en su libro “La paz del perdón” nos indica que éste comprende tres elementos: una herida, una deuda que resulta de la herida y la cancelación de dicha deuda; por ejemplo, una deuda de dinero no se perdona hasta que se libera al que debe de la obligación de pagar. Quienes no perdonan a otro se niegan a cancelar la deuda; pretenden mantenerlos como rehenes; sin embargo, los que a la larga resultan ser esclavos de su naturaleza destructiva son las personas que no captan la inmensidad del perdón; esto les  impide contruir la paz; están llenas de rencor histórico.     

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