Siete Poemas Líquidos y Dos Alegorías – Esculturas Invendibles

Por Pepo Toledo

Texto completo que acompaña la obra 

Dualismo bien y mal

     Entendemos por dualidad cuando en una misma persona se da dos fenómenos diferentes, como el bien y el mal. Éstos se definen por oposición aludiendo a dos esencias distintas: el bien identificado con la luz y el mal asociado con la oscuridad. Unidad inseparable que forma nuestra alma como un péndulo que va y viene entre. La sombra, al igual que la luz, convive en nuestro corazón. El hecho de que una parte de nuestra alma tiene esencia de sombra no nos hace monstruos. El peligro está en no reconocerla y no tratar con ella, como se ejemplifica en el clásico de la literatura El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde escrito por Robert Louis Stevenson. La sombra del doctor Jekyll adquiere una autonomía tal que lo convierte en un asesino, el señor Hyde. No quiso reconocer su monstruo, perdió control de su otro yo y decidió suicidarse. Día a día luchamos contra tres enemigos: nuestra naturaleza pecaminosa, la del prójimo y el diablo.   Cada día me levanto, me veo en el espejo y me digo: “Sos tu peor enemigo”.

   De acuerdo a Tim Lahaye, el temperamento es una combinación de características que heredamos al nacer. Afectan en forma subconsciente nuestro comportamiento para bien o para mal. El carácter es el resultado de tu temperamento modificado por tus creencias y principios. Es el alma de las personas, formada por su mente, emociones y voluntad.

   La personalidad es lo que la persona refleja; puede coincidir o no con el carácter dependiendo de cuán genuina sea. Usamos máscaras cuando queremos ocultar nuestro verdadero carácter. Forjar tu carácter significa reconocer y dominar la sombra.

   Así nacen mis Siete Poemas Líquidos como expresión de la parte más sublime del ser humano, el amor, la nostalgia por la separación y los momentos que discurren para no volver. En este punto me viene a la mente Nietzsche cuando dijo: “Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal”. Me recuerda a Maquiavelo cuando aseveró que “El fin justifica los medios”. Esto es abrir la puerta al monstruo y alimentarlo. La respuesta es más simple y la encuentro en las palabras de León Tolstoi: “¿Qué es el bien? No es más que amor”.

       Los acompañan   Dos Alegorías de la parte más oscura y más monstruosa del ser humano. No fue difícil seleccionar dos sucesos históricos muy sensibles en Latinoamérica La primera representa al genocidio ocurrido en las minas de América durante la época del Colonialismo bajo el dominio español.   Como ejemplo escogí la mina de plata de Potosí en Perú, descubierta en 1545. Es considerada la más grande de la historia al extremo que su explotación financió durante tres siglos la opulencia del Imperio Español. La segunda alegoría simboliza lo ocurrido durante la época del Neocolonialismo bajo el sometimiento estadounidense: Los experimentos médicos de enfermedades venéreas con seres humanos en Guatemala por parte de la Oficina Sanitaria Panamericana de Washington en 1946-1948 bajo el mando del doctor John Cutler.

  1. El genocidio que financió a la Corona española

   En 1493, poco después del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, el Papa Alejandro VI donó a los reyes de Castilla y León todas las tierras que descubriesen al occidente, a condición de que al conquistarlas llevaran a predicadores para convertir a los indios idólatras. Definición de idólatra: Que adora ídolos o falsas deidades. Lección aprendida: fuimos donados.

   En 1537 el Papa Pablo III definió que los indígenas son seres humanos. Los negros no corrieron la misma suerte. La Corona estableció que los indios no serían sometidos a esclavitud y la disfrazó con un régimen de “servidumbre” denominado Encomienda. Las tierras se vendían con los indios adentro. En las minas de Perú se usó una figura similar de trabajo obligatorio llamada la Mita. Sustituir indios con negros fue el más negro de los pecados de Fray Bartolomé de las Casas, según Monteforte Toledo.

   Las minas de plata financiaron la riqueza de la monarquía española. La más grande de la historia fue descubierta en 1545 en el cerro de Potosí en el Alto Perú (actual Bolivia).

Hacían a los indios descender a las minas con una barreta y los obligaban a sacar la plata en sus espaldas. Trabajaban 20 horas diarias. Al salir del calor al frío muchos morían de bronconeumonía. Los hacían mezclar el mineral molido con mercurio machacándolo con sus piernas. Luego lo quemaba en hornos donde el mercurio se gasificaba para separarlo de la plata y luego se condensaba. Parte se fugaba. Seis mil quinientas fogatas ardían por las noches en las laderas. En seis millas a la redonda de Potosí no crecían siembras ni el pasto.

   La intoxicación por mercurio inhalado o a través de la piel penetraba la médula y afectaba todos los órganos del cuerpo de los indios. La piel se ponía color cenizo y el enfermo se “descueraba” hasta la muerte. La sangre envenenada con mercurio se hacía pesada hasta provocar un paro cardíaco. Lo obreros morían en cuatro años. Los indios que tenían hijos varones preferían matarlos para librarlos de las minas. Los españoles hacían cacerías humanas en cientos de millas a la redonda buscando mano de obra. Según Josiah Conder, la mina de Potosí cobró ocho millones de vidas (Ref: Eduardo Galeano).

   Fray Bartolomé de las Casas decía que los indios preferían ir al infierno para no encontrarse con los cristianos. Como dijo el filósofo Enmanuel Mounier: “Sólo se pide a los cristianos que sean auténticos. Esto es, verdaderamente, la revolución”. En Guatemala católicos y evangélicos casi llegan al 90% de la población. Si fuéramos auténticos ya habrían acabado todos nuestros problemas. Usamos máscaras.

   De acuerdo al antropólogo Darcy Ribeiro, cuando llegaron los españoles había una población de aproximadamente setenta millones de amerindios. Ciento cincuenta años más tarde apenas sobrevivían tres millones y medio. La mitad murió por las pestes que trajeron los conquistadores. El resto fue asesinado en las guerras de la conquista, represiones o en el trabajo forzado.

   Los jueces que hoy pretenden juzgarnos por genocidio son también españoles. Nunca hicieron nada por sanar las heridas de su propia Guerra Civil y vienen a echar sal y limón a las nuestras. Mientras tanto, Europa financia subversión y se une en una campaña de desprestigio contra Guatemala que ahuyenta el turismo y la inversión. Doble moral.

  1. Atroces experimentos médicos con seres humanos en Guatemala

 

   En el año 2010 la doctora Susan Reveby del Wellesley College, revisando los archivos del doctor John C. Cutler, descubrió que en Guatemala se realizaron atroces experimentos en seres humanos similares a los efectuados durante el régimen Nazi.

   Esas prácticas médicas inhumanas que se perpetraron en nuestro país fueron conducidas por el médico John C. Cutler, subdirector de la Oficina Sanitaria Panamericana de Washington. Ocurrieron en los años 1946-1948 durante el gobierno de Juan José Arévalo a sugerencia del doctor Manuel Funes de la Dirección de Salud Pública, quien fue contraparte local del proyecto.

   En octubre de 2011 fue publicado “Consentir el daño”, informe de la Comisión Presidencial dirigida por el doctor Rafael Espada para el esclarecimiento de los experimentos practicados con humanos por Estados Unidos en Guatemala. En el prólogo de dice que “… fueron seleccionadas, con el consentimiento de las autoridades de Salud guatemaltecas, 1,160 personas que no padecían enfermedades venéreas: 1,424 eran internos del Asilo de Alienados, 205 reos de la Penitenciaría Central, 524 soldados de la Guardia de Honor y la Base Militar, del Ejército de Guatemala, y siete prostitutas del Hospital de Profilaxia Sexual. Ellos fueron contagiados con sífilis, gonorrea y chancroide; además, se realizaron pruebas serológicas sobre sífilis en 515 niños del Hospicio Nacional y 151 escolares del Puerto San José. En el Asilo de Alienados (hospital neuro-siquiátrico) dos tercios de los inoculados resultó infectado, pero solo a un paciente se le dio el tratamiento”.

   Hay indicios de que el número de víctimas puede haber llegado a cinco mil pero no se pudo determinar con exactitud. Los inútiles estudios no produjeron valores estadísticos significativos. La Comisión concluyó que no tienen ningún valor científico.

   Los experimentos duraron casi tres años. La sífilis hereditaria provocó monstruosas deformaciones en las siguientes generaciones de los afectado además de incapacidad, trastornos mentales y en algunos casos sordera y ceguera. Todo esto se hizo sin el conocimiento ni el consentimiento de las víctimas. Al agotarse el presupuesto fueron abandonados a su suerte.

   Los experimentos con seres humanos se realizaron en Guatemala al mismo tiempo que los Tribunales de Nüremberg juzgaban al régimen nazi por prácticas similares. Robert H. Jackson fue abogado fiscal y principal acusador por parte de los Estados Unidos durante el proceso. Irónicamente, se hizo cargo de toda la organización del juicio. Doble moral.

   El 1º de octubre de 2010 el presidente Obama se disculpó con el pueblo guatemalteco por estos hechos. No dio ayuda alguna a las víctimas que en esa fecha sobrevivían. Tampoco a sus hijos y nietos afectados por sífilis hereditaria.

   Un grupo de 700 familiares demandó por mil millones de dólares en compensación por los daños causados a la fundación Rockefeller y a la Corporación Johns Hopkins. Robert Mathias, abogado de esta última, declaró que la demanda no procede porque fue un estudio del Gobierno Federal, quien también fue demandado por los mismos hechos. En 2012 un Juez Federal rechazó la demanda argumentando que el Gobierno de los Estados Unidos no puede ser responsabilizado por acciones ocurridas fuera de su territorio. Conclusión: La impunidad comienza con los estadounidenses.

Guatemala hoy

 

   La corrupción y la pobreza en Guatemala hoy son un triste reflejo de quienes ahora nos cuestionan. Si bien es cierto que tenemos graves problemas internos, buena parte nos vienen de los mismos países que nos sojuzgaron y ahora nos juzgan: España en la época del Colonialismo y Estados unidos en la del Neocolonialismo.

   Nuestra independencia nunca lo fue. El pueblo no participó ni recibió beneficio alguno. El poderoso monopolio de comercio del Clan Aycinena, siguió dominando el país, con la diferencia de que dejó de pagar impuestos a la corona española. Nuestro Himno Nacional es una farsa, sobre todo la estrofa que dice:

“Nuestros padres lucharon un día
encendidos en patrio ardimiento
y lograron sin choque sangriento
colocarte en un trono de amor.”

¡Qué ironía! El patrio ardimiento fue para lograr mayores privilegios. El trono de amor no lo encuentro por ningún lado. ¿Y qué tal esta otra?

“Guatemala feliz que tus aras
no profane jamás el verdugo;
ni haya esclavos que laman el yugo
ni tiranos que escupan tu faz.”

Los oprimidos siguieron siendo oprimidos.

   El Neocolonialismo arranca en 1901 con la United Fruit Company y no ha tenido fin. Lo único que tiene de nuevo es que cambió la potencia dominante.    Las donaciones son condicionadas. Los préstamos también y a menudo son acompañados de comisiones a los funcionarios que los aceptan.   La mayor parte de ellos sirven para financiar obras sobrevaluadas o usos tan tontos como apoyar la balanza de pagos subsidiando las importaciones. No necesitamos limosna. Solamente igualdad de condiciones para que nuestros productos puedan competir en el mercado internacional.

   Cuando Estados Unidos imprime billetes sin respaldo para cubrir su déficit el dólar pierde valor. Como es la moneda de referencia mundial, el efecto es un impuesto abusivo a la población mundial para subsidiar el nivel de vida de los estadounidenses; afecta por igual a un rico que a un campesino pobre que compra un machete o medicina para sus hijos.

   Las crisis de la Bolsa de Valores de Wall Street son instrumentos cíclicos para hacer   desaparecer los ahorros del público, confirmando el dicho “las ganancias se privatizan y las pérdidas se socializan”. Los pensionados son los más afectados. No hay gobierno que se atreva a regularlos.

      Un esperanzador proceso de limpieza comenzó en Guatemala. El pueblo salió a las calles el 25 de abril de 2015 en una histórica manifestación pacífica pidiendo la renuncia de la vicepresidenta Roxana Baldetti. El Ministerio Público y la CICIG por fin asumieron su papel, iniciando una histórica cruzada contra la corrupción que llevó a la cárcel al Presidente, a la Vicepresidenta de la República y muchos otros funcionarios. El voto de castigo desplazó a los partidos políticos tradicionales que punteaban en las encuestas de las elecciones de fin de año.   Nada pudieron los oligopolios de medios de comunicación contra las redes sociales. Las reglas del juego han cambiado para bien.

   Estados Unidos acentuó su rol intervencionista y acusador en este proceso. Por medio de su Embajador nos hizo llegar este mensaje: “En la lista de prioridades, el tema de soberanía está de último, cuando hay gente muriendo de hambre” (El Periódico, 8\4\2015). Nunca hemos sido libres. Podemos inferir de esta frase que al entregar deliberadamente nuestra soberanía a los Estados Unidos vamos a prosperar. De ser cierto, nos convertiríamos en prostitutas. Como no lo es, caemos en el viejo dicho: “Para ser puta y no ganar nada mejor ser mujer honrada”. Porqué digo que no es cierto: Durante la guerra fría entre Rusia y Estados Unidos aquí la tuvimos caliente y fuimos obligados a combatir por sus ideas durante más de 30 años. Molestos por los migrantes, a casi 20 años de la firma de la paz se acuerdan que existimos y ahora pretenden sacarnos de la pobreza. El instrumento, poco más de mil millones de dólares de ayuda para Guatemala, El Salvador y Honduras, acompañados de una lista completa de condiciones. Un tardío y mísero émulo del   “Plan Marshall”, implantado para ayudar a Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Hoy sufrimos otro pleito ajeno, la guerra contra el narcotráfico. Nos hacen pagar por combatirlo. Acá aplica otro dicho “Ser puta, no ganar y encima pagar la cama”.

 

La discusión bizantina

     El mercantilismo proteccionista ha sido nefasto. España terminó el saqueo de América en la quiebra y sin haber desarrollado su propia industria. El mismo sistema empobrecedor que nos heredó domina nuestras economías plagadas de privilegios. El comunismo fracasó para el pueblo pero no para la élite gobernante que se enriqueció a sus costillas, quitando unos ricos para poner otros. Dudo que los jóvenes sirvan de carne de cañón para otra revolución. El populismo ha causado grave atraso al desarrollo de las naciones. El liberalismo no existe. No hay en el planeta autoridad suficientemente fuerte para mantener un mercado libre. Esfuerzos como la Perestroika siempre terminan igual. El pastel que se llama patria se reparte entre grupos de poder que cambian con el tiempo. Lo que no cambia es que al pueblo siempre le queda la tajada más pequeña o quizás las migajas.

   Sin querer ser más papista que el papa, podemos dividir en dos grandes épocas la Doctrina Social de la Iglesia Católica: antes y después del Concilio Vaticano II.    El Papa León XIII publicó la encíclica Rerum Novarum (5\5\1891), la primera encíclica social. Es una propuesta frente a los problemas económicos y sociales de la época, en especial la Revolución Industrial. Allí condena la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos. Reconoce el derecho a la propiedad privada y el fracaso del socialismo diciendo: “Para solucionar este mal, los socialistas, atizando el odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes y administrados por las personas que rigen el municipio o gobiernan la nación. Creen que con este traslado de los bienes de los particulares a la comunidad, distribuyendo por igual las riquezas y el bienestar entre todos los ciudadanos, se podría curar el mal presente. Pero esta medida es tan inadecuada para resolver la contienda, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es, además, sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores…”.

   El 7 de diciembre de 1965 el papa Pablo VI promulga   Gaudium et spes, la única constitución pastoral del Concilio Vaticano II. El cambio es radical. El acceso a los bienes de la tierra deja de ser un derecho natural, para convertirse en un patrimonio a distribuir conforme al derecho positivo. El régimen de propiedad privada expuesto en Rerum Novarum es cambiado por el de la comunidad de bienes. Las conclusiones de este Concilio fueron impulsadas por el clero y sirvieron de base para la Teología de la Liberación o iglesia de los pobres. Los conceptos evangélicos da amor y paz quedaron a un lado dando paso a la violencia en nombre de la justicia social en un plano meramente terrenal. Los curas cambiaron la sotana por las ametralladoras. Estas conclusiones fueron refrendadas por el papa Juan Pablo II, en su carta encíclica Populorum Progressio (26\3\1967) y Centesimus Annus (1\5\1991) entre otros. De este último, dos extractos: “Queda mostrado cuán inaceptable es la afirmación de que la derrota del socialismo deja al capitalismo como único modelo de organización económica. Hay que romper las barreras y los monopolios que colocan a tantos pueblos al margen del desarrollo…” “La Iglesia no tiene modelos para proponer…”.

   En la Homilía titulada Siglo XXI (San Salvador, 8\2\ 1996), Juan Pablo II dijo: “En esta área del continente se ha librado en los últimos lustros un continua lucha, de amplios intereses estratégicos, para hacer prevalecer, incluso con sistemas violentos, ideologías políticas y económicas opuestas, como el marxismo y el capitalismo desenfrenados, los cuales siendo ajenos a vuestro carácter y tradición de valore humanos y cristianos, han lacerado el destino de vuestra sociedad y han desencadenado los horrores del odio y la muerte”. La crítica a la parte más oscura del capitalismo pierde fuerza cuando en lugar de usar argumentos subjetivos y sólidos recurre al adjetivo “desenfrenado”.

   El Papa Francisco planteó el desafío económico de esta era como el fracaso del capitalismo global para crear justicia, equidad y medios de vida dignos para los pobres. Al igual que sus antecesores aceptó no tener una “receta” para la solución al problema. En su Homilía en la misa con las comunidades indígenas en Chiapas (San Cristóbal de Las Casas, (15\2\ 2016) expresó: “Sin embargo, muchas veces, de modo sistemático y estructural, vuestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón!, perdón hermanos. El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes”. Se le olvidó pedir perdón por la explotación y despojo de tierras cometidas contra los indios por la Corona de España de la mano de la Iglesia durante el colonialismo.

   El sistema comunista quiso forzar la solidaridad dentro el sistema, pareciendo superior al capitalismo. En la práctica fracasó y resultó ser aún menos solidario que la economía de mercado. La solidaridad como virtud debe quedar a cargo de los individuos y no del sistema. La economía de mercado debe ser compatible con la solidaridad. El obrero debe ser convertido en un socio de la empresa por medio de sistemas de pago por productividad, la antítesis del paternalismo. Para ello hay que eliminar obstáculos y cambiar leyes laborales que hoy lo impiden para “proteger” al obrero. Por ejemplo, el trabajo temporal establecido en el Convenio 96 de la Organización Internacional de Trabajo (1933), al cual los sindicatos se han opuesto tradicionalmente para mantener sus privilegios y su cuota de poder que anteponen al bienestar del obrero. También debe cambiar la mentalidad de los industriales que buscan sus clientes en el exterior en lugar de crear una generación de consumidores en el país para consumir sus propios productos. En otras palabras, más clase media y menos pobreza.

   Acabar con la corrupción no es suficiente para arreglar un país. Ser honesto no es un mérito, es una obligación. La honradez es una cualidad y no una estructura. Haciendo lo mismo no vamos a cambiar. Debemos reformar las estructuras del país para encauzarlo en el desarrollo. Es bueno comenzar por nuestra Constitución, donde se legaliza la desigualdad ante la ley al otorgar privilegios a grupos de poder. Lo que tenemos es un régimen de legalidad que por mucho que haya llenado requisitos en su formación está muy lejos de ser un régimen de derecho. La Constitución debe tener la mínima cantidad de capítulos que establezcan la estructura básica del gobierno y garantice los derechos individuales del individuo, para que pueda defenderse del gobierno mismo y de los grupos de poder, nacionales y extranjeros. En lugar de eso, nuestra Constitución se ha convertido en una lista de privilegios para grupos de poder que bajo el nombre de “conquistas” se aprovechan del pueblo.

   El término capitalismo desenfrenado de Juan Pablo II fue reemplazado por el de las leyes de mercado del papa Francisco como causante de la miseria. Es obvio que ambos papas buscaron sin encontrarla una palabra que pudiera definir el enemigo a quien hay que atacar. La discusión bizantina entre conservadores y liberales, comunistas y capitalistas, derecha o izquierda solamente desvía la atención del verdadero problema: Los privilegios, donde quiera que se den, es lo que hay que atacar y acabar. Éste es el verdadero enemigo.

José Toledo Ordóñez

www.pepotoledo.com

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