Manolo Gallardo

By admin 4 años ago
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Manolo Gallardo

José Toledo Ordóñez

Manolo Gallardo nació para pintor. A finales de 1957, recién iniciada su carrera artística, viajó a España. Supuestas becas que ya en el lugar no se concretaron lo hicieron pasar penurias. Logró abrirse paso por su cuenta y estudió en varias escuelas, principalmente en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Desarrolló una técnica realista impecable, la cual llegó a dominar a tal punto que sus pinturas fluyen en forma natural.

Su trazo es firme y refinado. La pulcritud de su dibujo impresiona. No compite con su pintura sino se amalgama con ella.

Sus obras, de una estructura sólida y novedosa se distingue más en formatos grandes, en donde la concepción llega a tener un alto grado de complejidad: Su obra El Ocaso de los ángeles, la más complicada,  representa 160 personajes.

Su rigurosidad cromática tiene como fruto tonalidades de color insuperables cuya concordancia raya en la musicalidad.

En una serie de  pinturas recientes por lo general presenta mujeres desnudas de piel dorada sobre un fondo oscuro.  Con apenas tres colores crea una rica gama de matices.

En su obra Utopía vemos, al estilo de Goya, a una figura central en el cielo y un grupo de niñas en la tierra. La luz es manejada también en dos planos. La figura superior recibe luz central, mientras que las niñas parecen irradiar luz por sí mismas o bien recibirla desde algún punto desconocido afuera del cuadro. Este juego de luces produce un efecto singular.

El desnudo es una constante en su obra como símbolo de perfección de acuerdo al concepto clásico de la belleza.

El cumplimiento de la belleza no existe sino en Dios. La belleza humana, tanto más alta se eleva, más está hecha a semejanza del Ser Supremo.

A diferencia de la materia, es una e indivisible. Todos intentamos ver estos principios de la belleza en los objetos que se nos presentan: La unidad, la sencillez y la armonía combinadas con la proporción.  De la sencillez nace la unidad y de ambas procede lo sublime.  Bajo estos principios crea desnudos generalmente  sensuales,  a veces eróticos.

Manolo Gallardo vuelve a Guatemala en 1962. El realismo social todavía mantenía influencia.  La mayoría de artistas toma el camino del nuevo realismo con diferentes variantes. Un reducido grupo fue influenciado por el movimiento de la pintura abstracta,  proveniente de los Estados Unidos de América.

Gallardo sigue firme en el realismo académico, casi fotográfico, similar a la corriente hiperrealista. Esto lo hace caminar en forma  independiente de las nuevas tendencias  de la pintura.  Las modas van y vienen. El realismo ha existido siempre. Su obra no se ha desarrollado en etapas, sino más bien evoluciona constantemente.

Su forma de expresarse libremente la encuentra en el surrealismo. Estudia filosofía y las grandes religiones con un enfoque racional. La búsqueda por definir su propia cosmovisión dura más de cuarenta años. Al final, su pintura demuestra que es esencialmente cristiano. Prueba de ellos son la cantidad de imágenes de Jesucristo que ha representado, así como  ángeles buenos y malos.

Su pintura refleja el descontento social. Es una constante denuncia por la falta de valores, la hipocresía social y el comportamiento de la clase política. Es sarcástico, irreverente y a veces ofensivo. Le gusta llamar la atención abordando temas polémicos.

Por otro lado, es generoso. Con su obra, con su tiempo y con su conocimiento, enseñó por décadas a cantidad de jóvenes.

Vive de su obra y vive bien. También es escultor. Es amante de la música clásica y excelente fotógrafo.  Tiene pocos amigos. Mario Monteforte Toledo fue uno de ellos. Tal era su cariño, que éste es el único libro escrito por Monteforte acerca de un pintor. El texto original tenía más de cuarenta páginas. Gallardo se sentía incómodo con una buena parte del texto. Fui testigo de que Monteforte lo autorizó a escoger qué partes publicar.

Manolo Gallardo recién cumplió cincuenta años como pintor en septiembre del 2007. Queda este libro como testimonio vivo de su obra.

José Toledo Ordóñez

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  Escritos
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