La seducción de la estética

By admin 5 años ago
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La seducción de la estética

Por Maurizio Colombo

Introducción: Si Ética se enamorara de la Estética…

Un error en que se ha incurrido en los últimos años es  pensar que el político es un profesional de la política mientras la cultura está en otra parte, como si fuera la oposición. Juntar cultura y política,  o sea Estética con Ética, significa idealmente reproducir y perpetuar el modelo de la antigua Grecia o  de la fecunda estación del Renacimiento Italiano. ¿Utopía? No: Simplemente visión iluminada, que sin duda en el futuro cosecharía un mejor país. Sería muy provechoso para nuestra sociedad que el Congreso, el Gobierno  y las Instituciones tuvieran personas que dediquen a la cultura una atención política, al grado de llenar la política de cultura. El esfuerzo  ético de llevar la estética a los ciudadanos, como es el caso de la reciente restauración de la Sexta Avenida es encomiable, de elogiar, apoyar y sobretodo continuar  y expandir.

Omnia mutantur, “todo cambia”, o “todo se transforma”, teorizaba Ovidio en el quinceavo libro de Las Metamorfosis.  La  última y estimulante provocación que José Toledo Ordóñez,  Pepo para todos,  sugiere con  la ética de su ecológica sensibilidad  y  pasión, es un llamado urgente y necesario hacia una metamorfosis urbana.  Con garbo estético e inteligencia, propone transformar  y sanar las  profundas heridas metropolitanas, con el tema de las  esculturas urbanas  en su última propuesta: Ciudades Utópicas.

Entre los grandes enfermos de nuestro tiempo, un lugar preocupante lo ocupa la Ciudad Capital.  Asediada por el tráfico,  sin un plan  macro de reglas urbanísticas crece con furor anárquico, envuelta en nubes contaminantes, flagelada por el látigo de la violencia.  Sin embargo, hay que dar mérito a la actual administración edil  por los enormes esfuerzos para lidiar con estas problemáticas,  comunes en todas las grandes metrópolis.  Pepo está bien consciente de lo anterior.  Ya en el pasado nos sorprendió con el  entusiasmo  con el cual logró liberar de la coerción de las rejas a  los inquilinos del Parque Zoológico  Nacional La Aurora, logrando ubicarlos apropiadamente en un hábitat más natural.  Ahora Pepo como artista escultor, seduce y desafía  una vez más con Ciudades Utópicas.

Omnia  Mutantur también fue la  genial metamorfosis en la temática  de las esculturas presentada el año  pasado en el Hotel Museo Casa Santo Domingo en la exposición Esculturas  Peligrosas, sorprendentes creaciones plásticas.  En la serie Bestiario, Pepo rescata los objetos que la sociedad contemporánea descarta, restituyéndolos a  una nueva dignidad y función, de rango más elevado, como componente  capital de una obra de arte, logrando exaltar el potencial formal del objeto. Toma una pieza de carros, por ejemplo, y les otorga tutoría,  patentándola de legitimidad  estética, gratificándola  hacia la nobleza de objetos y sujetos artísticos, simulacros de un  nuevo mito de las formas en el espacio. La morfología de sus composiciones revelan la  tipología y la estructura  física de los metales que las componen, mientras el halo que las circunda reflejan cualidades  metafísicas, o sea los signos inmateriales conexos a los objetos: su historia, su significado, su cualidad estética.

Con Ciudades Utópicas, Pepo como artista condena el caos y el degrado metropolitano, proponiendo un mundo utópico, donde el espíritu del juego es el placer de la invención y del descubrimiento continuo, la maravilla de maravillar y maravillarse.

Para Pepo el arte  escultórico debe salir da los museos,  para manifestarse en las calles y en las plazas, con el fin de destinar las “ideas” a la gente común que, -destinataria de la cultura,- debe gozar de los productos de la ideas.  La industria produce objetos para el uso del cuerpo; el arte  crea objetos  y  estímulos para el uso del alma. En esta óptica nace la última fatiga de Pepo.

Con la redención del espacio urbano, en el restaurado paseo de la Sexta Avenida, zona histórica recalificada culturalmente, la presencia de las esculturas de Pepo, como museo sin paredes, nos regresa  socio-culturalmente a la antigua tradición  de la “Ágora”, la plaza, el espacio público como lugar  privilegiado, entorno de encuentro y confronto, recuperando  culturalmente la valencia del concepto de “hábitat”.

Hacer germinar la semilla del “Arte Contemporánea” en un lugar histórico  deviene de un desafío estimulante, una apuesta;  es señalar una dirección, indicar libres vastedades que contienen un alba de sentidos estéticos y la necesidad de  nueva formas urbanas. La instalación artística propuesta por Pepo, sugestiva por la selva de sólidos geométricos en distintos oasis expositivos se convierte, según el eje del observador en figuraciones volumétricas de hipotéticos edificios urbanos y si la fantasía nos ayuda y  vuela…  ¿por qué no? en bosque urbano.

Utópicamente,  una reflexión para el rescate de la calidad del fragmento del tiempo que vivimos.  Tiempo contabilizado por un efímero calendario en fuga de sí mismo, en la búsqueda convulsiva de  los avenimientos  en dirección del ya visto, del ya hecho y del ya consumido. Este  es el campo  y el contexto teórico en el cual se mueve críticamente el trabajo de Pepo; según él,  la existencia humana se mide siempre con el enigma del vivir y las artes son el karma, el rescate ético-estético.  Las Ciudades  Utópicas, son deshabitadas en una inmovilidad cargada de espera y mágica objetividad que anuncian una potencialidad, escondida en el interior de las formas: ¡Lo inesperado!

En las acrobacias volumétricas de Pepo, el dominio estético del espacio es el punto de partida.  El éxito actúa en el plano de la invención lírica. Las volumetrías urbanas son realizadas tal vez  en una búsqueda de sensaciones naufragadas y recuperadas, capaces de recoger y regalar a la vista  humores escondidos, promesas de metáforas inesperadas.

A  pesar de ser un escultor contemporáneo, Pepo no busca la confrontación con los testimonios del pasado, sino una nueva  armonía y un moderno equilibrio.

Su exposición revitaliza el concepto  de representatividad  en la monumentalidad de la escultura,  relacionándose  y dialogando con la arquitectura y los espacios externos, para confiarnos que la existencia está hecha de percepciones no percibidas, de formas que anhelan  mostrar la realidad con una mirada renovada,  sobre los  indicios  y  emblemas de una cotidianidad que somos acostumbrados  a ver pero no a observar.

Seduciendo la estética, el esfuerzo,  la aspiración  y el invito de Pepo son re-descubrir  el gran cuerpo de la naturaleza,  en el tentativo de recuperar la primigenia armonía entre sensibilidad y razón, entre mente y cuerpo.  Un mensaje de confianza y esperanza que nos regresa a la naturaleza, percibida  como inmensa madre, en grado de aliviar y sanar laceraciones, dando sentido al gesto artístico y a la existencia. ¡Gracias Pepo!

Del autor

Maurizio Colombo se gradúa de  Maestro de Bellas Artes en el Instituto de Arte Experimental  Estatal de Roma, ganando su primera Beca de estudios en París, luego de clasificar entre los primeros tres estudiantes de toda Italia. Dos años más tarde,  la Cámara Alta del Senato de la República de Italia,  le confiere  la Medalla de Oro,  como mejor exponente de  la Joven  Pintura Italiana. Con  Summa Cum Laude y  dos Maestrías, termina sus estudios académicos con Doctorados en Sociología del Arte y Filosofía Moral, en la Universidad  Gregoriana de Roma. En  1973 gana por oposición la cátedra de Docente de Historia de las Artes en la Universidad de Roma y  luego de Catedrático de Artes Aplicadas en la Academia de Bellas Artes de Roma.

Sus obras pictóricas se encuentran en colecciones públicas y privadas tanto de Europa como de América del Norte. A  lo largo de su amplia carrera y extensa producción artística ha expuesto en  exhibiciones personales y colectivas, recibiendo  numerosos atestados de reconocimiento y  distintos premios. Maurizio Colombo  es  también conocido en Guatemala por su aporte a la comunicación publicitaria y mercadeo social, así como conferencista y operador cultural.

 

 

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